En cumplimiento de la actividad en que se nos solicita elaborar un relato sobre la confrontación que vivimos entre la carrera que estudiamos y nuestra incorporación como maestros del Nivel Medio Superior, me permito enviarles mi reflexión.
Como ya les he comentado en otros foros soy Médico Cirujano egresada de la UNAM, cuando recién había terminado la Licenciatura, decidí que era el momento de buscar trabajo para contribuir a la economía familiar, con ese objetivo acudí al Conjunto Pino Suarez en donde se ubicaban las oficinas de DGETI y solicité una entrevista con su Director General Ing. Sánchez Cuellar, me le presenté y le dije que acababa de terminar mi carrera, que no tenía quién me recomendara y que necesitaba trabajar. Recuerdo que me miró y se rió (seguramente de mí), me contestó que aunque esa no era la vía para solicitar trabajo, por mí audacia e ingenuidad me lo iba a dar, y no solo eso, también me dijo que me enviaría a una escuela cuyas carreras estuvieran relacionadas a mí perfil profesional, me dio una tarjeta para que me afiliaran y al día siguiente, sin más preámbulos, me comisionaron al Cetis 57.es así como inicié mi labor docente.
Debo confesar que nunca me costó trabajo pararme frente a un grupo de alumnos, probablemente porque los temas a tratar en los programas de estudios siempre han estado relacionados con mi área profesional, el caso es que han pasado casi 26 años y siento que el ser maestra e impartir clases es algo innato en mi. Percibo el quehacer docente como un complemento de mi función de Médico, ya que generalmente, cuando un paciente acude a recibir consulta, en ella va implícita una actividad de educación para la salud.
En todos estos años, nunca he tenido sentimientos de confrontación entre mi profesión de médico y mi labor de maestra, seguramente porqué las dos las ejerzo por igual, e incluso, algunas veces por la cercanía en que se encuentran ambos trabajos (10 minutos de trayecto aproximadamente) los llego a combinar, ya sea porqué como saben que imparto clases en el Cetis 10, el Centro de Salud en donde trabajo por las mañanas, me pide que los apoye en la realización de alguna ponencia o en alguna jornada de salud que contemple actividades en poblaciones adolescentes, ( se han coordinado participaciones de mis alumnas de Puricultura en las campañas universales de vacunación). También la escuela en ocasiones envía algún estudiante al Centro de Salud para realizar su Servicio Social o para recibir orientación sobre algún tema en específico.
Pienso y siento que el ser profesor es un motivo de orgullo, y creo que un Docente a Nivel de Educación Media Superior tiene un gran compromiso, debido a que en sus manos se encuentran jóvenes deseosos (algunos más y algunos menos) de aprender los conocimientos necesarios para enfrentar al mundo que los espera y debemos estar conscientes de esta responsabilidad, para actuar de una manera honesta y profesional.
A lo largo de estos años he tenido momentos de satisfacción e insatisfacción, los primeros relacionados generalmente con ex-alumnos a quienes me encuentro tras el paso de los años, en algún curso o simposio y se acercan a saludarme efusivamente haciendo remembranza de su paso como estudiante en mí clase, y diciéndome que sigo “igualita” a cuando nos conocimos ( expresiones que agradezco, pero no me las creo, ya que sí ellos ya son unos adultos con toda la barba, considero que aunque sea un “poquititito” habré cambiado, por no decir envejecido), otros ex alumnos me comentan de sus actividades laborales y algunos más se han animado a decirme expresiones tales como: ¡qué razón tenía maestra en que debíamos estudiar tal o cual cosa! ¡Como nos hace falta ahora en el trabajo el conocimiento sobre tal tema! etc.
Acerca de los momentos de insatisfacción que he tenido durante mi ejercicio docente, seguramente habrán sido algunos, pero no los recuerdo, tengo como “regla de vida” olvidar las cosas que me molestan.
Confiando en no haberlos aburrido mucho y en espera de sus comentarios les envío un abrazo.
Adriana
